lunes, 28 de septiembre de 2015



                             
                                                
                                                  Los poetas son aquellos que consagran la tierra 
                                                                 para que los mortales la habiten.                 
                                                                                   (Heidegger)




Las palabras se abrazan entre si en actitud de espera.
 Ellas miden el espacio y la forma. La dimensión que fluye
 hacia los finales más inciertos. Se ha dicho que son los poetas 
quienes mejor perciben y escriben de los silencios
cuando la realidad les tortura y abruma.
                                                  
 Decía Rilke que ellos eran los eternos peregrinos 
de la nostalgia finita ya que, sabedores de la imposibilidad 
de encontrar un lugar en el mundo donde
cuerpo y espíritu pudieran establecer un tratado 
   (concordato armónico) de supervivencia,  
eligieron ser suicidarios de la escritura: "morir viviendo 
y vivir muriendo".  

Dicen que las palabras de los poetas son santuarios
 de metáforas. y templos reveladores 
e imaginarios del sentimiento trágico del vivir.          

  Palabras, para recordar a Rimbaud 
el cual, prematuramente desaparecido,
  dejó escritos unos pocos poemas como bolas de fuego,
 como flechas envenenadas
arrojadas a la médula de un siglo nuevo.  

Palabras: vidas enteras para ser escritas o inventadas.
 Palabras para enjugar la tristeza de la desesperanza  
Palabras para decir no cuando el mundo, 
girando alrededor, opina lo contrario.   


Palabras, para saber qué se esconde al otro lado 
de la voz. Palabras, para abrirse camino en la oscuridad.     
 Palabras, para intensificarse en sensaciones  
 fronterizas de lo desconocido.

Y palabras, en fin, para cobijarse en la soledad de todos
 los adioses: "No hay sitio para mí, no, en parte alguna".
  (Fonollosa) 

O, para llegar a la conclusión de que, solo muriendo 
voluntariamente, podría llegar a negarlas
  negándose a la vida: 

"Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más".
(Pavese)
  

   


  


  





jueves, 23 de abril de 2015

MEMORIAL DE LIBROS ( Por un 23 de abril, Día Internacional del Libro)

 Leer, leer, leer, vivir la vida 
 que otros soñaron. 
Leer, leer, leer, el alma olvida 
 las cosas que pasaron.  
Se quedan las que quedan, las ficciones,  
las flores de la pluma,  
las solas, las humanas creaciones,  
el poso de la espuma.  
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana yo también?
                                                             (Miguel de Unamuno)

Borges comenzó a perder la vista poco después de cumplir los treinta años. A los cincuenta -ciego del todo ya- le nombraron director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Dos décadas más tarde, durante una conferencia, confesaría lo siguiente refiriéndose a tal coincidencia: "Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Fue cuando escribí el Poema de los dones":  
                                                                                                             Nadie rebaje a lágrima o reproche
                                                                                                             esta declaración de la maestría
                                                                                                             de Dios, que con magnífica ironía
                                                                                                             me dio a la vez los libros y la noche.

DE VOZ PROPIA

Los libros ya cerrados / la soledad pobló sus mundos a mis sueños / hollé de sus dominios alientos de esculturas / como una tierra seca absorbe el don del agua / que me enseñaron pronto cómo vivir a solas / cómo morir a solas / como mueren a solas los poetas. Del libro Tú, la compasión humana de los dioses. 
(Col. Ángaro de Poesía. Sevilla, 1989)

Anoche soñé que era un libro. Un libro que contenía las miles de páginas que habré leído. Fue cuando comencé a identificarme con l@s protagonistas de mis obras predilectas. Con algunos de los muchos textos que se resistieron al olvido. Siendo libro de libros recorrí los universos más profundos del decir y del sentir. Ya no quería despertar.     

FRAGMENTOS QUE HAGO MÍOS

Que comienzan donde se cuentan relatos que van surgiendo el uno del otro, como si de cajas chinas se tratasen: "El visir tenía dos hijas de gran hermosura que poseían todos los encantos, todas las perfecciones y eran de una delicadeza exquisita. La mayor se llamaba Scherezade y la menor Doniazada. La mayor,
Sherezade, había leído los libros, los anales, las leyendas de los reyes antiguos y las historias de los pueblos pasados. Dicen que poseía también mil libros de crónicas referentes a los pueblos de las edades más remotas, a los reyes de la antigüedad y sus poetas". (Las mil y una noches. Hazâr afsâna: Mil leyendas".) Y cómo no consagrar la belleza por el arte de la palabra. Al valor del pensamiento ante la actitud moral del hombre en la historia: "Despierto. Tengo ante mí, detrás de mí, la noche eterna. He dormido durante millones de años y durante millones de años dormiré... No tengo más que una hora. Apoyado en la almohada del placer, asisto a un mañana que jamás volverá". (El tiempo, gran escultor. Marguerite Yourcenar.) La noche y, siempre, los silencios, que escuchan su decir. Sea porque traen a la escritura figuras y formas de singular poder de transgresión: "No / las palabras no hacen el amor /hacen la ausencia (...) soy la primera persona del singular a solas / oh ayúdame a escribir palabras / deshabitando el palacio del lenguaje. / En esta noche, en este mundo, qué podemos amar que no sea una sombra". (Los trabajos y las noches. Alejandra Pizarnik.) En un lugar del ingenio, la dimensión universal del famoso hidalgo no es ficción. Es una modalidad literaria de realidad absoluta. Sigue siendo el más grande sueño de todos los sueños posibles: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra el  
la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida (...) que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre". (Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.) Y, por último, la realidad mágica de unos textos líricos en estado de gracia. Para muchos el más grande poeta español del siglo XX. Probablemente nunca publicó, ni siquiera escribió, un solo poema que no fuese la perfección misma: "DICHOSO el que un buen día sale humilde / y se va por la calle, como tantos / días más de su vida, y no lo espera / y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto / y ve, pone el oído al mundo y oye, / anda, y siente subirle entre los pasos / el amor de la tierra, y sigue, y abre / su taller verdadero, y en sus manos / brilla limpio su oficio, y nos lo entrega / de corazón porque ama, y va al trabajo / temblando como un niño que comulga / mas sin caber en el pellejo, y cuando / se ha dado cuenta al fin de lo sencillo / que ha sido todo, / ya el jornal ganado, / vuelve a su casa alegre y siente que alguien / empuña su aldabón, y no es en vano." Conjuros. Claudio Rodriguez.)

Contenemos la respiración. "Una imagen nos muestra los restos de una biblioteca medio derruida. Estamos en 1940, durante los bombardeos sobre Londres de la Segunda Guerra Mundial. En el centro del local hay un montón de vigas y muebles rotos. Las estanterías se mantiene milagrosamente en pie y los libros alineados en ellas parecen intactos. Tres hombres están de pie entre los escombros. Uno está como dudoso sobre que libro escoger -se diría que está leyendo los títulos de los lomos;- otro, con gafas, se dispone a sacar un volumen; el tercero está leyendo, con un libro abierto en las manos. Tratan de seguir adelante entre las ruinas intentando saber -en medio de maravillosa percepción de las cosas que la lectura concede a veces-, tratando de entender". (Una historia de la lectura. Alberto Manguel)

Un año más seguiremos soñando.